¿Cómo es una sesión de Coaching?

Un proceso de coaching suele ser tan diferente como diferentes son las personas que lo inician. Pero sí hay una metodología habitual que se sigue, y que podríamos describir así:

  • Fase 1: Se conocen el coach y el coachee, y se comprueba si existe el feeling y la posibilidad de generación de confianza entre ambos necesaria para el proceso.
  • Fase 2: Tanto coachee como coach se comprometen a seguir unas normas de actuación.
  • Fase 3: El coachee define cual es la meta que desea alcanzar o estado deseado.
  • Fase 4: El coachee, apoyado por el coach, define cual es su estado actual.
  • Fase 5: Se identifican las fortalezas y debilidades, apoyos y obstáculos, y creencias y valores que influirán en el camino hacia la obtención de la meta.
  • Fase 6: Se identifican las posibilidades u opciones de actuación para alcanzar los objetivos.
  • Fase 7: Se eligen las acciones concretas que nos ayuden a alcanzar nuestros objetivos.
  • Fase 8: El coachee se pone en acción.
  • Fase 9: Se evalúan los resultados obtenidos.
  • Fase 10: Se van modificando las acciones además de generar otras nuevas para alcanzar la meta.

¿Cuánto dura?

Todo depende también de cómo es la persona y qué objetivo se marque. Hay casos muy concretos, donde con unas pocas sesiones es suficiente; y otros, la mayoría, en los cuales, por los cambios que se quieren asumir, el proceso dura varios meses.

En cualquier caso, a final es el coachee, la persona que recibe el coaching, el que delimita la duración del coaching y el que decide siempre cuando acabarlo.

¿Qué puedes conseguir?

  • Una vida que merezca ser vivida.
  • Ampliar nuestros horizontes.
  • Recuperar la ilusión.
  • Volver a soñar y que esos sueños se traduzcan en hechos.
  • Dejar de ser víctima para hacerte dueño de tu propio destino.
  • Saber marcarte una dirección de vida.
  • Descubrir el sentido de misión que aliente tu existencia.
  • Saber aprovechar el momento presente y disfrutar cada instante.
  • Saber organizar tu vida y fijarte metas.
  • Relacionarte con otros adecuadamente.
  • Saber decir no sin sentirte culpable.
  • Dar mayor trascendencia a tus días.
  • Conseguir compatibilizar tu vida profesional y familiar.
  • Perder la timidez en los momentos que te gustaría no tenerla.
  • Saber sacar lo positivo de los momentos que parecen negativos.
  • Descubrir que el mundo es como tú lo interpretas, y que si cambias lo que piensas del mundo, cambia el mundo.
  • Pasar del pensamiento de la escasez al de la abundancia, y de creer que para que alguien gane tiene otro que perder al ganar/ganar.
  • Saber poner prioridades.
  • Descubrirte a ti mismo y generar cambios desde dentro.
  • Saber automotivarte y no depender de otros para ello.
  • Optimizar tu toma de decisiones.
  • Potenciar tus fortalezas y limar tus debilidades.
  • Saberte adaptar al cambio en todo momento.

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